Comprendiendo la persecución en Israel

Todos nosotros en Israel estamos acostumbrados a la amenaza constante de los misiles o las bombas en los autobuses; que haya personas agresivas a las que no les agrada que existamos ya se convirtió en una forma de vida. A pesar de esto, debo detenerme y recordar que el solo hecho de que estemos acostumbrados no significa que la persecución religiosa esté bien. Y si dejamos que el resentimiento crezca, esto sin dudas podría empeorar.

«¿Más paquetes en el buzón?», pregunté mientras me subía al coche y apretujaba la pila de sobres. Corría el año 1992, y ser una judía creyente en Yeshúa todavía era una de las cosas más extrañas que la mayoría de los israelíes había escuchado. Se había instalado un buzón especial para recibir correo de los israelíes a los que les interesaba conocer más sobre nuestra fe, pero que no estaban seguros de develar su identidad. Entendíamos su ansiedad inicial y los poníamos en contacto con un creyente que viviera en su zona con el fin de que pudieran conversar. Desde luego, no todo el correo que llegaba era de gente interesada.

«Sí, un paquete estaba repleto de páginas de aquel libro de divulgación que se repartía; el remitente lo había usado como papel higiénico antes de enviarlo». Hurgué entre la pila y encontré otro paquete. A medida que lo abría con delicadeza para ver lo que había en el interior, un polvo fino salió de la parte superior: cenizas. Habían quemado el libro y lo habían enviado de regreso.

Era demasiado joven para recordar si este buzón secreto al final logró que los israelíes llegaran al Señor. Sin embargo, sí recuerdo las interminables hostilidades hacia nosotros, los creyentes judíos.

Recuerdo a los judíos ortodoxos que parecía que estaban a punto de escupir fuego cual dragones cuando se daban cuenta de quienes éramos. Recuerdo como el gobierno promulgaba leyes que definían la creencia en el rabino judío Yeshúa como una traición a todo lo judío. Recuerdo a los israelíes seculares mirándonos como si creyéramos que los extraterrestres caminaban entre nosotros. No eran necesariamente hostiles, pero sin lugar a duda nos consideraban unos bichos raros.

También recuerdo aquellos veranos en los que viajábamos a los Estados Unidos; allí fue donde conocí a los cristianos. Ellos tenían una gran sonrisa y disfrutaban alimentarnos. Amaban a todos. También ignoraban todo aquello que no entendían. Recuerdo caminar por los pasillos de los edificios de los ministerios y escuelas y ver el mapa de la ventana 10/40 que se desplegaba en la pared. Cada país en esa «ventana» estaba coloreado de forma brillante con estadísticas de la población, estatus económico, composición religiosa, etc. Todos los países, excepto Israel. Israel era de color gris, como si no estuviera ahí.

De adolescente, no comprendí las ramificaciones teológicas de esto: que los cristianos no estaban seguros de qué hacer con Israel, que el pueblo de Israel no había formado parte de la teología cristiana durante siglos y su reingreso repentino en el escenario mundial dejó a muchos teólogos alborotados y a los feligreses encogidos de hombros.

Algunos intentos teológicos llegaron a las primeras planas. Por ejemplo, Israel ya está salvo, Israel está salvo tras el rapto, Israel rechazó a Dios y, por lo tanto, ya no puede aspirar a la salvación. La última es en verdad la teoría más antigua, una que al parecer los cristianos acordaron al poco tiempo de que los apóstoles judíos originales murieran y los creyentes gentiles superaran en número a los creyentes judíos. También fue la teoría que emplearon para convencer a grandes grupos de cristianos de «ayudar» a Dios a extinguir aquella etnia que «mató a Dios», por «extinguir» se referían a matarlos u obligarlos a renunciar a su perversa herencia judía y convertirse al cristianismo.

La mayoría de los cristianos modernos no son hostiles, aunque muchos de ellos todavía tienen la antigua creencia de que todos los judíos deberían convertirse al cristianismo. Aún así, muchos evangélicos actuales han desconcertado al gobierno de Israel con su apoyo inquebrantable al Estado moderno de Israel. Excursiones, plegarias, respaldo político y miles de millones de dólares se despilfarran literalmente en el concepto de Israel. Este apoyo ha hecho mucho por los corazones de los judíos al ayudar a sanar las heridas del pasado. Sin embargo, el respaldo evangélico a Israel podría ser mucho más efectivo si se tomaran unos minutos para pensar cómo y qué están respaldando.

Es cierto que en Romanos 15, el apóstol Pablo consideró el apoyo de los cristianos a Israel como algo obvio, una reacción natural de gratitud por las bendiciones espirituales que Israel le brindó al mundo. No obstante, Pablo no hablaba de Israel en general. Hablaba de los creyentes judíos en Israel.

Ya que Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta para los pobres que hay entre los santos de Jerusalén. Lo hicieron de buena voluntad, aunque en realidad era su obligación hacerlo. Porque, si los gentiles han participado de las bendiciones espirituales de los judíos, están en deuda con ellos para servirles con las bendiciones materiales. (Romanos 15:26-27)

¿Puedes imaginarte a los cristianos en los días de Pablo tomando ofrendas de los cristianos para proveer a los fariseos con ropas nuevas y una flamante sinagoga? ¿Qué hay acerca de ayudar económicamente a jóvenes judíos para que pudieran estudiar bajo la tutela de los saduceos? Y, sin embargo, eso es justo lo que los cristianos de todo el mundo están haciendo ahora. Si tiene una estrella de David, lo apoyan.

Ilustración: la policía israelí en esta imagen no está conectada a la investigación. Fotografía: Dreamstime, José María Hernández

Es imperceptible

De vez en cuando, me preguntan sobre la persecución en Israel, y mi primera reacción es encogerme de hombros. Todos nosotros en Israel estamos acostumbrados a la amenaza constante de los misiles o las bombas en los autobuses; que haya personas agresivas a las que no les agrada que existamos ya se convirtió en una forma de vida. A pesar de esto, debo detenerme y recordar que el solo hecho de que estemos acostumbrados no significa que la persecución religiosa esté bien. Y si dejamos que el resentimiento crezca, esto sin dudas podría empeorar. 

Durante gran parte de mi vida, la persecución de los creyentes judíos de Israel consistió en actividades imperceptibles y secretas. Nuestro gobierno no corta las cabezas de quienes dicen seguir al Mesías judío; no somos esa clase de país. No obstante, tampoco hace mucho por proteger a los creyentes israelíes cuando otros grupos nos atacan simplemente a causa de nuestro testimonio de fe.

El gobierno no les prohibió a los creyentes trabajar en ciertos puestos de trabajo; no es necesario. El temor cultural a los judíos mesiánicos alcanza para disuadir a algunos empleadores de contratar creyentes pese a las leyes contra la discriminación. El gobierno no les negará a los judíos mesiánicos el derecho a alquilar una sala y adorar juntos; no es necesario. Los dueños de los lugares le temen demasiado a la idea de un boicot judío ortodoxo, que involucraría a una gran cantidad de turistas, como para alquilar sus propiedades a judíos creyentes en Yeshúa. En consecuencia, los judíos mesiánicos a menudo deben alquilar propiedades en el medio de la nada cuando quieren llevar a cabo conferencias y campamentos de verano, o no realizarlos en absoluto.

Nunca escuché hablar de esto

Tal vez hasta hayas hecho y disfrutado un viaje encantador e inspirador a Israel, pero para los israelíes, hay una gran diferencia entre un turista cristiano gentil que viene aquí a gastar dinero y se vuelve a su casa y un ciudadano israelí que creerá por el resto de su vida que los judíos están destinados a seguir a Yeshúa.

Israel es una democracia y nación en donde la libertad de religión es un derecho inherente, pero como cualquier estudiante de historia sabe, las leyes son tan buenas como los hombres y mujeres responsables de hacerlas cumplir.

Uno de los casos más conocidos de hostigamiento religioso es el de Pnina Pie, una pastelería kosher propiedad de Pnina y su familia, quienes fueron blanco de activistas religiosos por el solo hecho de ser creyentes. Vale la pena aclarar que no existe ninguna ley que les impida a los árabes musulmanes o cristianos proveer alimentos kosher; este fue un ataque específico a judíos que dijeron creer en Yeshúa. Los activistas, enfurecidos al haberse enterado de que los dueños de la pastelería eran creyentes, se reunieron en la puerta del lugar con panfletos que advertían sobre los consecuencias nefastas de comer unas deliciosas croissants hechas por las manos de misioneros que destrozan el alma.

Cuando sus actividades espantaron a tan solo una parte de la clientela, un activista irrumpió en la pastelería y arrancó el certificado kosher de la pared. En algunos vecindarios israelíes, no tener una licencia kosher equivale a una sentencia de muerte para el comercio, ya que los ultraortodoxos, así como también muchos judíos practicantes no frecuentarán el lugar. A pesar de la lealtad de los clientes, muchos no podrían comprar ni servir con la conciencia tranquila masas que fueran «no kosher».

Comprendiendo las ramificaciones que esto tenía para los creyentes de todo el país, que los funcionarios ortodoxos pasen por alto este comportamiento de atacar los comercios de judíos creyentes, los colaboradores de Maoz nos ayudaron a financiar un contraataque legal y llevar el caso a la Corte Suprema de Israel. El máximo tribunal resolvió a favor del derecho de Pnina Pie de proveer alimentos kosher a pesar del sistema de creencias de su dueña. Sin embargo, si el caso hubiera quedado en eso, todo el esfuerzo habría sido en vano, porque las autoridades rabínicas de Israel fundamentalmente respetan más las decisiones religiosas ¡que la competencia de la Corte Suprema!

Hicieron falta muchos más esfuerzos hasta que la Corte les impuso multas a las autoridades rabínicas para que accedieran. En la actualidad, Pnina Pie atiende a clientes felices en dos locales kosher. Aun así, Pnina ganó porque los cristianos y los judíos mesiánicos de todo el mundo se unieron para defenderla. No obstante, en general, los judíos creyentes de Israel no están seguros de que los cristianos los defenderán cuando sea necesario.

En raras ocasiones, los medios de comunicación israelíes cubren la injusta e incluso ilegal persecución contra los judíos mesiánicos. El 3 de octubre de 2009, el periódico Haaretz publicó uno de esos artículos: tenía cuatro mil palabras y ponía al descubierto la organización anti libertad religiosa que lucha de forma feroz contra los judíos mesiánicos.

No es el gobierno, sino quienes lo conforman

El gobierno israelí tiene muchas dependencias, y se cree que en algunas de ellas se infiltraron activistas ultraortodoxos. Durante décadas, las autoridades han entorpecido el proceso de ciudadanía de los creyentes judíos. No siempre estuvo claro cómo es que el gobierno sabía sobre las vidas personales de los judíos creyentes que deseaban regresar al país, pero se rumoreaba que ciertas personas del gobierno delegaban la tarea en «detectives», en especial en aquellos de una organización de nombre «Yad L’Ajim», que espiaban a las personas para determinar si eran seguidores de Yeshúa.

Ya era bastante malo que el gobierno tomara decisiones a partir de información que le brindaban civiles que se autodenominaban espías, pero además surgió el temor de que los empleados del Ministerio del Interior bajo control ultraortodoxo estuvieran divulgando información. No hay forma de probarlo porque no nos infiltramos en los edificios públicos, pero es que de la nada, nosotros —y creyentes de todo el país— comenzamos a recibir en nuestros hogares publicaciones «evangelísticas» con artículos que criticaban nuestras ideas religiosas erróneas y nos sugerían convertirnos al «verdadero» judaísmo. Cuando nos enviaron estas publicaciones, utilizaron nuestro nombre legal completo; nombre que no usamos en ninguna otra cosa que no sea papeleo del gobierno. Entonces, si bien el gobierno jamás nos había preguntado en qué creíamos, parece que alguien del gobierno guarda registros sobre nosotros y le permitió a esta organización no gubernamental acceder a nuestra información personal, entre ellas nuestra dirección.

Es bueno recordar que hace algunos años, cuando una mafia ultraortodoxa averiguó la dirección de mi madre, le lanzaron una bomba molotov en la puerta, lo que la dejó encerrada en su departamento del tercer piso mientras el pasillo ardía en llamas. Por suerte, los bomberos llegaron y apagaron el incendio.

Algunos años después de que mis padres se casaran y se mudaran cerca de Tel Aviv, colocaron una bomba bajo su vehículo. Afortunadamente, vieron un paquete de apariencia sospechosa y llamaron al escuadrón antibombas que se encargó de quitarlo y hacerlo estallar.

El impenitente Ya’akov Teitel fue condenado por el intento de asesinato de Ami Ortiz después de una larga investigación y batalla legal

El caso más famoso, por su brutalidad, en el que los judíos mesiánicos fueran atacados de esta forma fue el de Ami Ortiz, el hijo de un pastor de la localidad. Él fue víctima de una bomba que simulaba ser un regalo por Purim que alguien le dejó a su padre en la puerta delantera. En ese entonces, Ami tenía 15 años, y se necesitaron más de dos años y catorce operaciones para reconstruir todo su cuerpo quemado. Gracias a una cámara de seguridad, y muchísima presión legal, este caso fue uno de los pocos en los que se hizo completa justicia y el responsable fue condenado a prisión perpetua. Si bien este ataque en particular fue perpetrado por un judío religioso que actuaba por su cuenta, es evidente que fue producto de las protestas realizadas contra el pastor en los meses previos al acontecimiento.

Una situación menos conocida pero significativamente perturbadora también sucedió varios años atrás cuando una familia creyente compartió que su hija en edad escolar fue llevada a la oficina del director, donde un grupo de hombres religiosos la interrogó acerca de las actividades religiosas de su familia. Le pidieron que no contara nada de la conversación, así que no se le ocurrió mencionarla hasta que un día la camioneta de su familia explotó mientras estaba estacionada frente a su casa.

Tenemos la suerte de que nuestro gobierno tiene mucha gente con principios. Cuando ocurren injusticias, un judío mesiánico puede llevar su caso hasta la Corte Suprema, de ser necesario. El Tribunal Supremo tiene un muy buen historial de hacer cumplir la ley por sobre la opinión personal. Por desgracia, no se puede acceder a una banca de la Corte Suprema sin una financiación importante y la presión de una cantidad masiva de personas. El pequeño cuerpo de creyentes de Israel no califica como masivo. Si lo intentaran y tomara        n una posición, muchos de ellos se arriesgarían a convertirse en potenciales blancos. Así, la pregunta es ¿quiénes se animarán a defender a los creyentes de Israel?

En tiempos en los que nuestro país está bajo una constante lluvia de sanciones y condenas diplomáticas, Israel admite que los evangélicos son quizás su aliado más fuerte en el mundo. Al igual que Ester, quien fue puesta en un lugar de influencia para defender al pueblo de Dios de la matanza, quién sabe si a ti no se te colocó en esa misma posición para estos tiempos que estamos viviendo.

Por Shani Sorko-Ram Ferguson

Fuente: Maoz-Israel Español http://www.maozisrael.es/

Acerca de Contexto Media Group 3663 Articles
Conciertos, Música, Libros, Eventos y todo lo relacionado al mundo Cristiano.