¿Deberían Los Cristianos Creer Que La Tierra De Israel Todavía Es Importante Teológicamente?

Desde hace cuatro mil años la gente ya reconoce la belleza y la fertilidad de esa pequeña franja de tierra llamada Israel (por la mayoría) y Palestina (por algunos). En el siglo XX A.C., un cortesano egipcio que vivió en Canaán escribió: “Era una tierra buena llamada Yaa. Habían higos y uvas, tenía más vino que agua; abundante era su miel, abundante era su aceite. Habían todo tipo de frutas en sus árboles. Cebada había allí y espelta y el ganado de todo tipo no tiene fin.” La variedad de climas de la tierra se suma a su atractivo: dentro de 100 millas (de Jericó al Monte Hermón), uno puede moverse desde el subtropical al subártico. Sus relieves y condiciones de vida son igual de variados.

Pero aunque la tierra de Israel tiene un atractivo universal, durante los últimos dos milenios, la mayoría de cristianos han creído que la tierra ya no tiene ninguna importancia teológica. Según la historia común, Dios dejó de ejercer un cuidado especial hacia los judíos y su tierra con la llegada de la iglesia cristiana, que se convirtió en el nuevo Israel. Este argumento se conoce como “sustitución” o “teología del reemplazo.” Primero se presentó después de la supresión romana de la rebelión de Bar Kochba en 135 D.C., fue promovida por los cristianos del segundo siglo como Justin Martyr y Melito de Sardis y pronto se convirtió en el “modelo estándar” de entender la relación del judaísmo a la fe cristiana.

Las revisiones a esta historia aparecieron por primera vez entre Pietistas y puritanos del siglo XVII y algunos de sus herederos teológicos como Jonathan Edwards (1703-1758), que discutió por un “milenio” futuro literal (reinado de 1,000 años de Cristo en la tierra) con un papel señalado para el pueblo judío. Edwards fue lo que a menudo llamamos un postmilenialista: es decir, creía que Cristo volvería a la tierra después del período del milenio.

En los siglos XIX y XX, los premileniales (aquellos que creen que Cristo vendría antes del milenio) prevén un futuro para Israel basado en su lectura literal de las profecías del Antiguo Testamento. Para los premilenialessdispensacionales (aquellos que piensan que Dios obra de manera diferente en diferentes periodos de la historia, y que las promesas de Dios para Israel son diferentes a sus promesas para la Iglesia), un Israel moderno fue necesario para el cumplimiento de las profecías de los últimos tiempos. Los judíos tuvieron que regresar a su antigua patria y establecer un estado para que el Anticristo pueda traicionar un pacto que va a hacer con el estado judío, y para que Cristo vuelva a rescatar al pueblo de Dios y restablecer el trono de David. Según los dispensacionalistas, fue solamente el rechazo mayoritario judío de Jesús el que abrió el “gran paréntesis” en el plan de Dios, que a su vez dio espacio para que Dios formara la iglesia cristiana.

Algunos estudiosos piensan que este punto de vista es extrañamente similar a lo que Pablo quiso decir cuando él escribió en Romanos 11:28 que los judíos del primer siglo eran “enemigos de Dios por causa de [los cristianos]”. Puesto que existía una “tradición rabínica bien atestiguada que el arrepentimiento de Israel provoca el escatón [fin de la historia],” y por lo tanto la aceptación judía de Jesús traería el fin inmediato del mundo, Dios ha “endurecido… parte de Israel”(11:25) para hacerle tiempo y espacio a la inclusión de los gentiles. Como escribió Charles Cosgrove: “A fin de que los judíos no dominen a los gentiles cristianos y les exijan judaizar, Dios temporalmente ha podado a la gran mayoría de los israelitas para hacer lo que podríamos llamar un ‘espacio político’ para aquellos de otras naciones.”

Después del Holocausto, un releído de las Escrituras y especialmente de Pablo llevó a una nueva visión para el futuro de Israel (y por lo tanto, la tierra) entre algunos teólogos y eruditos del Nuevo Testamento. Fueron especialmente impactados por Romanos 11, donde Pablo sugiere el mismo tema de la continuidad del pacto: “Las dádivas de Dios son irrevocables, como lo es también su llamamiento.” (v. 29); “¿no será su restitución [por Dios] una vuelta a la vida?” (v. 15); “todo Israel será salvo (v.26)… [y] recibirán misericordia”(v. 31). Craig Blaising sostiene de que Pablo basó su lectura del futuro de Israel en Isaías 59:20-2, donde el profeta prevé el retorno del favor divino sobre Sión y siguió esta promesa con otra: “Entonces todo tu pueblo será justo y poseerá la tierra para siempre”(Is 60:21).

Es notable de que Pablo no anuló la promesa del Antiguo Testamento de la tierra a pesar de que en su día, la mayoría de los judíos estaban rechazando a Jesús. De hecho, Pablo se refirió expresamente a las promesas de Abraham en Gal. 3:15-29, de las cuales todas (Gén. 12:7; 13:15; 15:18; 17:8) se refieren a la tierra. Puesto que Cristo es la descendencia que Pablo menciona (“Ahora bien, las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia… dando a entender uno solo, que es Cristo.” Gal. 3:16), las promesas a la descendencia deben incluir la promesa central hecha a Abraham: una tierra.  La mayoría de intérpretes han pensado que la única promesa aquí era de justificación, pero eso no tiene sentido porque Pablo dice que la promesa es Cristo, que no necesita justificación. Aunque la promesa puede que funcione de manera diferente bajo el nuevo pacto, no ha perdido su dimensión territorial. La tierra se ha convertido en un mundo (bajo el señorío de Cristo) y es caracterizada o simbolizada por la herencia de Israel de Palestina. Tanto el tipo (la tierra de Palestina) como el anti-tipo (el mundo) son la herencia asignada a la descendencia de Abraham, Cristo con su cuerpo.

El historiador Robert Wilken observó que “las esperanzas de la restauración y el establecimiento de un reino en Jerusalén no fueron, al parecer, ajenas a la tradición cristiana primitiva.” El ángel le dijo a María que “Dios el Señor le dará [a Jesús] el trono de su padre David, y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre” (Lucas 1:32-33). Jesús mismo parecía anticipar al día cuando Jerusalén le daría la bienvenida: “Y les advierto que ya no volverán a verme hasta que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”” (Mt 23:39). La misma palabra griega traducida como “tierra” (gēn) en la bienaventuranza de Jesús (“Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia” Mt. 5:5) es la palabra generalmente traducida como “tierra” en la frase de la Septuaginta “poseer la tierra” en otros lugares en la Biblia. Wilken dijo:

Si… uno interpreta a Jesús estando dentro, y no en contra de su mundo judío, la traducción “poseer la tierra” merece consideración. Es un estribillo recurrente en la historia judía, y en los tiempos de Jesús era una manera de designar el reino mesiánico, centrado en Jerusalén. “Heredar la tierra” no captura insinuaciones espirituales ni territoriales de la frase.

Uno de los elementos de prueba más llamativos que prevé el Nuevo Testamento de un futuro separado para Israel, aun en medio de la salvación para todas las naciones, es el discurso de Pedro en Jerusalén en Hechos 3. Pedro comenzó este sermón, su segundo, dirigiéndose a ciertos líderes judíos como “hombres de Israel.” Después de acusarlos de acabar con su propio Mesías, les ofreció una segunda oportunidad:

Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor, enviándoles el Mesías que ya había sido preparado para ustedes, el cual es Jesús. Es necesario que él permanezca en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas. (Hechos 3:19-21)

Como hemos visto, la mayor parte de la iglesia ha sido suplantadora, que significa que muchos han creído que el pacto de Dios con Israel terminó en el año 30 D.C. con la muerte y resurrección de Jesús, y que Dios transfirió el pacto a la iglesia, para que la iglesia reemplace a Israel y eclipsó cualquier importancia teológica por el Israel étnico o la tierra de Israel.

Sin embargo, esta parte del discurso de Pedro muestra su convicción de que existiría un futuro para Israel como una entidad distinta, como una tierra distinta, aun mientras los gentiles se unirían a Israel. La palabra griega que utiliza aquí para restauración es la misma palabra (apokatastasis) usada en la traducción griega de los profetas (la cual la iglesia primitiva usó como su Biblia) para la cosecha futura de Dios de los judíos de todo el mundo a Israel.

Yo los haré volver [apokatastēso] a su tierra, la que antes di a sus antepasados. (Jeremías 16.15)

Los miraré favorablemente, y los haré volver [apokatastēso] a este país. (Jeremías 24.6)

Haré que Israel vuelva [apokatastēso] a su prado. [después de referirse a Babilonia y Asiria] (Jeremías 50 [27 LXX].19)

Vendrán desde Egipto, temblando como aves; vendrán desde Asiria, temblando como palomas, y yo los estableceré [apokatastēso] en sus casas —afirma el Señor— (Oseas 11.11)

Estas son solo algunas de las innumerables promesas sobre la tierra de Israel dadas en el Antiguo Testamento. Hay promesas de Dios en Génesis (Gén. 12:7; 13:15; 15:18; 17:8) para darle una tierra a los descendientes de Abraham. Está la visión de Isaías por la renovación de Sión, especialmente en Isaías 4:2-6 y por la perpetuación de un remanente. La promesa de un reino para el nuevo David en Isaías 9:7 sugiere una tierra restaurada. También están las promesas de Jeremías de que los judíos regresarían a la tierra en el capítulo 32 y recibirán un nuevo pacto (capítulo 33), y el tema recurrente de Ezequiel del regreso de todos los israelitas dispersados a la tierra.

Además, existe la inmensa prominencia e importancia de la tierra en el Antiguo Testamento. Elmer Martens señaló que la tierra es el cuarto sustantivo más frecuente en el Antiguo Testamento, repetido 2.504 veces. Estadísticamente, esto significa que es más dominante que la idea del pacto. El Diccionario de Imágenes Bíblicas sostiene: “Al lado de Dios mismo, el anhelo por tierra domina todos los demás [del Antiguo Testamento].”

Los profetas repetidamente dijeron de que los israelitas perdieron la tierra y fueron enviados al exilio a causa de su desobediencia a los términos del pacto. Aun así los profetas y otros autores bíblicos atesoran la promesa de una tierra para Israel incluso después de que Israel ha perdido la tierra por su desobediencia. Martens escribió: “Los profetas en el exilio recurrieron al derecho inalienable de Israel a la tierra, y anunciaron un regreso del exilio a la tierra, porque dijeron que era legítimamente suya todavía (Jer 12:14-16; 16:14-15; ver también Ezequiel 36:8-15).”

Mientras que los profetas expandieron la promesa de la herencia prometida del pueblo de Dios más allá de los límites definibles de Canaán hasta incluir al mundo, sin embargo conservaron su esperanza de que Israel regresaría a la tierra de Palestina: “No podemos concluir de que los profetas consideraban que la promesa había sido abrogada” (Martens). En otras palabras, con los profetas encontramos promesas nuevas hechas para el Mesías y su reinado mundial, pero estas promesas nuevas no anulan las promesas anteriores de una tierra especial para un pueblo especial. “La expansión [de la promesa] no es sinónimo de derogación”. Así como Abraham sería el padre de Israel y de muchas naciones, así también Israel regresaría a su tierra y el resto del pueblo de Dios viviría en un mundo entero.

Gerald McDermott es el profesor de religión de Jordan Trexler en Roanoke College.

Fuente: Israe a Capella por Por Gerald McDermott

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