¡Israel apunta a la luna!

Yariv Bash jamás encajó del todo en lo que se espera de alguien exitoso. Se graduó de una escuela secundaria pública con un promedio común y corriente, aunque esto en gran parte se debió a que estaba muy ocupado obteniendo un título universitario en ciencias informáticas. En aquellos tiempos, las Fuerzas de Defensa de Israel todavía no caían en la cuenta de que las mentes más brillantes, esas que deberían estar en un cuarto procesando ideas de estrategia militar, no eran fáciles de identificar por escrito; y terminaron enviando a Yariv a una unidad de combate de élite.

Él no se opuso a esta decisión ya que, de todos modos, era un adicto a la adrenalina. Amaba los deportes extremos, como andar en motocicleta o practicar snowboard, y ni siquiera pensaba en los riesgos cuando saltaba de un acantilado en un aerodeslizador que él mismo había construido. «Las fuerzas armadas —dijo— me ayudaron a comprender quién era. Me demostraron que era capaz de superar mis propios límites».

Cuando finalizó su servicio militar en las fuerzas armadas, lo invitaron a trabajar para una dependencia gubernamental de Investigación y Desarrollo. Uno de sus proyectos anuales consistía en idear un invento absolutamente innecesario, con el solo fin de fomentar el pensar con originalidad. Yariv sugirió la idea de crear una nave de plástico que llegara a la frontera con el espacio. Le tomarían una fotografía y la bautizarían como la primera nave espacial israelí.

Esa noche, compartió su idea con un amigo al cual estaba visitando. Este le comentó sobre un desafío, el Google Lunar X, que ofrecía un premio de veinte millones de dólares a la compañía privada que, para 2012, lograra enviar una nave a la Luna, desplazarla un poco sobre la superficie lunar y transmitir las respectivas imágenes. Yariv sentía que era el destino y, esa misma noche, compró el dominio «spaceil.com» («IL» es la abreviatura oficial para Israel). Al día siguiente, escribió en Facebook: «¿Quién quiere ir a la luna?» Algunos se rieron, pero dos de sus amigos, Yonatan Damari y Kfir Winetraub, quisieron participar.

Los tres armaron una presentación y fueron a ver al decano de la Agencia Espacial de Israel. Después de ver su propuesta, respondió: «No aterrizarán en la luna para el 2012. La nave deberá ser más grande de la que ustedes dibujaron y costará más que su propuesta inicial de ocho millones de dólares, pero cuentan con mi apoyo». El tiempo le dio la razón en todo, y él tuvo un papel decisivo en lograr que el proyecto SpaceIL despegara.

En tan solo unos meses, los tres se reunirían con varios ávidos inversionistas que los ayudarían de manera literal a «apuntar a la luna». El vehículo espacial, bautizado Bereshit (palabra hebrea para «Génesis»), terminaría costando cien millones de dólares, pero incluso así fue la nave más barata que alguna vez se envió a la Luna.

El día que volvió a trabajar, publicó en su página de Facebook: «Primero aterrizaremos en la luna, y luego arreglaremos mis piernas». Yariv Bash en Facebook

El día que volvió a trabajar, publicó en su página de Facebook: «Primero aterrizaremos en la luna, y luego arreglaremos mis piernas».

Yariv Bash en Facebook

Algunos contratiempos

Debido al interés que el desafío Google Lunar X generó en equipos de todas partes del mundo, el plazo final de la competencia se pospuso varias veces de su fecha original de 2012. SpaceIL fue el único equipo israelí que se inscribió. Logró ser uno de los cinco finalistas y fue el primero en lanzar su nave. A pesar del notable progreso que habían hecho los equipos, Google se negó a extender el plazo más allá de 2018, y el premio de veinte millones de dólares no tuvo ganador. Sin embargo, esto fue solo un leve contratiempo para SpaceIL. Ellos continuarían en su misión de llegar a la Luna.

El golpe más duro lo habían recibido en el invierno de 2016. Yariv, el fanático incansable de los deportes extremos, se había ido de vacaciones a Francia con sus amigos para practicar snowboard. Cuando descendía de una montaña bajo una persistente nevada, divisó una roca escondida, pero ya era demasiado tarde para esquivarla, al intentar saltarla aterrizó justo sobre ella, y golpeó su columna. El entumecimiento fue tan inmediato que, con el único brazo sano que le quedaba, tuvo que palparse la parte inferior del cuerpo a fin de asegurarse de que siguiera allí.

Mientras a Yariv lo operaban de urgencia, todas las personas involucradas en el proyecto espacial —inversionistas, socios y voluntarios— aguardaban nerviosos. No obstante, lo único en lo que Yariv pensaba en su estado de semiinconsciencia era: «¿Qué le hice a mi familia?».

El día que, por fin, recuperó la conciencia, los médicos le informaron que jamás volvería a caminar. Se sintió destrozado. Al despertar otra vez, su esposa estaba con él y le dijo: «Todo estará bien.Lo kara klum». Esta última es una frase hebrea que significa «No es nada».

Le llevaría varios meses de rehabilitación y unas cuantas charlas con sus pequeños hijos para explicarles por qué ya no podría jugar baloncesto con ellos, pero Yariv regresó con la misma pasión de siempre.

Pensando de una forma no lineal

Si hay algo en lo que los israelíes somos buenos es en encontrar formas cada vez más baratas de hacer lo que a otros países les cuesta fortunas. Solemos bromear con que, en un país rico,  arreglar un tanque averiado costaría un millón de dólares y requeriría un taller bien equipado, mientras que un tanque israelí deberá conformarse con un poco de pegamento y algunos sujetapapeles. Si bien la expresión es algo exagerada, el poco espacio de las áreas de trabajo y de vida y los recursos limitados de Israel siempre han empujado a las mentes creativas a encontrar formas de hacer las cosas más baratas y más pequeñas.

Antes del proyecto Bereshittodos los vehículos espaciales hacían un trayecto directo desde la Tierra a la Luna. Esto requería que la nave se construyera de una determinada manera, incluidas enormes bóvedas que almacenaban el combustible. La Bereshit optó por un enfoque menos lineal, una órbita elíptica, para ser más específicos. Se comenzaba por orbitar la Tierra, se utilizaba solo la cantidad exacta de combustible para adentrarse cada vez más en el espacio, y el poder orbital de la gravedad de la Tierra y de la Luna se encargaba del resto. Una vez que sus órbitas elípticas se alejaban lo suficiente, los ingenieros captaban la gravedad de la Luna y orbitaban el satélite hasta que fuera seguro aterrizar. Este proceso tomó casi dos meses.

La emoción de los niños durante el pasado Purim era imposible de ocultar, ya sea cuando la nave entró en órbita o cuando en las redes sociales se pudo ver a muchos de ellos usando disfraces como este, con el logo de SpaceIL.

La emoción de los niños durante el pasado Purim era imposible de ocultar, ya sea cuando la nave entró en órbita o cuando en las redes sociales se pudo ver a muchos de ellos usando disfraces como este, con el logo de SpaceIL.

No se trata de nosotros, sino de ellos

De alguna manera, los judíos tenemos profundamente arraigada la idea de que lo único mejor que triunfar es que otros te acompañen en esos triunfos. SpaceIL no era tan solo un proyecto privado que tenía como objeto formar parte de los libros de historia como la séptima nación en orbitar la Luna y la cuarta en aterrizar en ella. Este proyecto se proponía inspirar a una generación a, si se me permite, soñar más allá de metas comunes como ser una estrella de música pop.  SpaceIL quería recrear el «Efecto Apolo».

En 1969, cuando el Apolo XI aterrizó en la Luna, se despertó un interés masivo en las carreras CTIM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Todo, desde el GPS hasta extremidades ortopédicas de avanzada, máquinas de diálisis o detectores de humo, se inventaría como resultado directo de tecnología que se desarrolló para el Apolo XI. La ganadora indiscutida, no obstante, fue la economía estadounidense que se vio beneficiada de la afluencia de trabajadores calificados y de clientes ansiosos por usar esta nueva tecnología disponible. El impacto del flujo de desarrollos e invenciones en esa época fue tal que el fenómeno recibió el nombre de «Efecto Apolo».

En 2011, SpaceIL se constituyó formalmente como una organización sin fines de lucro, y el presupuesto de desarrollo contemplaba educar niños a medida que el proyecto progresara. Para cuando se lanzó el transbordador, habían llegado a casi un millón de niños en Israel a través de exhibiciones en el país y de voluntarios que visitaban las escuelas locales. Dos meses después, cuando intentaron aterrizar en la Luna, todo el país miró la transmisión.

Si bien, a nivel personal, la parálisis fue algo muy difícil para Yariv, también sirvió como una fuente de inspiración para que los niños con discapacidades se atrevan a soñar. Es más, este kit es una propuesta para los bloques Lego de Beresheet e incluye la figura de una silla de ruedas.

Si bien, a nivel personal, la parálisis fue algo muy difícil para Yariv, también sirvió como una fuente de inspiración para que los niños con discapacidades se atrevan a soñar. Es más, este kit es una propuesta para los bloques Lego de Bereshit e incluye la figura de una silla de ruedas.

Bereshit 2.0

Después del decepcionante anuncio, un aplauso inundó el salón principal donde el primer ministro de Israel, Bibi Netanyahu, y decenas de otros invitados veían desde sus asientos cómo se iban dando los sucesos. Bibi dijo: «Llegamos a la luna, pero no de la forma que hubiésemos deseado». Se puso de pie, los miró directo a los ojos y añadió: «Persevera y triunfarás».

Menos de veinticuatro horas después, SpaceIL se paró frente a las cámaras y anunció sus planes de construir la Bereshit 2.0. Estaban decididos a intentarlo otra vez.

Algunas personas decían que la nave debería llamarse Chutzpah, una palabra conocida en todo el mundo que significa «agallas» o «audacia». Que Israel intentara lograr algo que hasta ese momento solo potencias mundiales —como Estados Unidos, Rusia y China—habían logrado, requería valor. Que al día siguiente se levantaran de la cama con la determinación de volver a intentarlo demostraba que tenían agallas.

El hecho de que Israel decidiera apuntar a la luna no es el punto. Es tan solo un ejemplo de un pueblo que está acostumbrado a intentar lo imposible, porque su mera existencia debería ser imposible. También es un ejemplo de un pueblo bendecido que es feliz de compartir sus bendiciones con el mundo.

Después de todo, ¿no hemos sido siempre un pueblo pequeño con un gran Dios?

El SEÑOR no puso Su amor en ustedes ni los escogió por ser ustedes más numerosos que otro pueblo, pues eran el más pequeño de todos los pueblos. Deuteronomio 7:7

Cronología de la misión

«Persevera y triunfarás»

Benjamin Netanyahu, primer ministro

Por Shani Sorko-Ram Ferguson Maoz -Isarel

Fuente: Maoz-Israel Español http://www.maozisrael.es/

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