El Por Qué Las Sanciones A Israel Ni Ayudan Ni Funcionan

Algunas personas piensan que boicoteando, desinvirtiendo y sancionando al Estado de Israel pueden poner fin al conflicto israelí-palestino de una forma simpática y no-violenta. Ese es el camino que la Iglesia Unida de Cristo (UCC en sus siglas en inglés) ha decidido tomar ayer en su gran sínodo en Cleveland.

La lógica de la UCC, como aquella de los movimientos BDS más amplios, es simple: Apunte a los bienes financieros israelíes y a aquellas compañías que hacen negocios con Israel para así aislar a los judíos y forzarlos a que abandonen las políticas opresoras, que según ellos, tiene Israel hacia los palestinos.

Nosotros en el Proyecto Philos nos oponemos rotundamente al movimiento BDS dado que no es una forma constructiva de participar en el conflicto. Lo hallamos causante de divisiones, desequilibrado y desconsiderado. Deduce que Israel es completamente culpable y que, si Israel es sancionado aún más, la paz vendrá al fin. Favorece la retirada en vez del compromiso y el distanciamiento en lugar del relacionamiento. Y en ese sentido, no se parece en nada a lo que Jesús haría.

El hecho de que denominaciones cristianas como la Iglesia Presbiteriana de los EEUU y la UCC hayan abrazado este camino, destaca la profunda falta de discernimiento y de conexión con el texto bíblico. Para iglesias como éstas, que se encuentran al borde de un colapso demográfico, injerencias tan imprudentes en las políticas del Medio Oriente parecen insensatas e incluso absurdas. Aún así, estos grisáceos clérigos están determinados a luchar por la justicia sin importarles cuán poco efectivos o bienvenidos sean sus esfuerzos porque, al fin y al cabo, eso es lo que hacen los buenos cristianos.

TODO EL MUNDO SE DESVIVE por criticar al Estado de Israel y eso está bien: Israel está abierto a la crítica, como debería ser. La marca de una sociedad libre es su habilidad de autorreflexión y cualquiera que conozca algo sobre Israel sabe que los israelíes se la pasan en un constante estado de autorreflexión. Algunos de los más grandes críticos del estado judío son ellos mismos judíos, de hecho.

Sin embargo, hay una forma correcta y una incorrecta para criticar. Y el BDS es una incorrecta. Si no, pregúntenle a Bassem Eid, un árabe-musulmán de Jerusalén Este que es activista por los derechos humanos y quien acaba de publicar un artículo titulado: “La causa palestina contra el BDS”.

El punto de vista de Eid es fácil de resumir: los activistas globales del BDS no se interesan realmente por los palestinos: se preocupan sólo por sí mismos y sus propias agendas, las cuales, por cierto, “puede que no sean para el beneficio ni de los palestinos ni de los israelíes.”

Eid vive en la zona cero y sabe lo que significa abogar por su pueblo. “Como palestino dedicado a trabajar por la paz y por la reconciliación entre mi pueblo y nuestros vecinos israelíes” escribe, “no creo que los partidarios del BDS ayuden a nuestra causa. Por el contrario, sólo están creando más odio, enemistad y polarización”.

Los proponentes del BDS quieren hacer creer al mundo que ellos son los guerreros de la justicia que valientemente le dicen la verdad al poder judío. La realidad, sin embargo, es que no existe ninguna conexión entre las tácticas y los objetivos del BDS con las realidades del Medio Oriente.”

¿Cuál es entonces la realidad de los palestinos dentro de Cisjordania y Gaza? Dado que virtualmente los miembros de la Iglesia Presbiteriana de los EEUU o de UCC no conocen a estas personas – desde luego que no en su ambiente natural por una cantidad de tiempo considerable – la respuesta es que no se percatan de ella. Porque si conociesen la realidad, se darían cuenta que “si se les pregunta a los palestinos sobre qué es lo que quieren, les dirán que lo que quieren es trabajar, asegurarse una educación y salud. Y que las personas que les están fallando en estos asuntos son sus propios líderes”.

La paz, la justicia y la reconciliación suenan muy bien al oído norteamericano. Pero, “los palestinos están cansados del proceso de paz”, dice Eid. “Los dos lados han aprendido a manejar el conflicto, más que a resolverlo.” A pesar de sus grandes proezas, los bienhechores extranjeros son incapaces de traer aquel final feliz donde judíos y árabes llegan al nirvana tomados de las manos entonando una canción. La verdad es – agárrense aquí – que los judíos y los árabes necesitan resolver estos problemas ellos mismos.

Sólo existe una manera de traer la paz a los israelíes y a los palestinos y ésta es que ambos lados tengan la suficiente buena voluntad para negociar su propio acuerdo de paz. No puede ser impuesto por las presiones diplomáticas o económicas venidas de fuera.”

Pero, ¿y qué de esas maravillosas personas que sólo quieren el bien y están comprometidas con asegurar la justicia del pueblo palestino?

Pareciera que, de hecho, el movimiento BDS en su determinación de oponerse a Israel, está preparado para derramar hasta la última gota de sangre palestina. Como palestino que vive en el este de Jerusalén y que espera construir una mejor vida para su familia y su comunidad, este es la clase de “activismo pro-palestino” que sinceramente no necesitamos. Por nuestro propio bien, necesitamos reconciliarnos con nuestros vecinos israelíes, no rechazarlos ni vilipendiarlos.

Gracias, le dice Eid a la UCC. Pero, no gracias.

EL PODER DISCERNIR LO CORRECTO DE LO INCORRECTO es una de las habilidades más importantes para navegar en el siempre cambiante ambiente del Medio Oriente. Cuando vemos que algo está mal, la crítica tiene lugar. Pero, ¿por qué nuestra crítica siempre comienza (y a menudo termina) con Israel? ¿Es que no existen más grupos que merezcan nuestra atención? ¿No existen acaso otros responsables por el caos en el que se encuentra sumida la tierra ancestral?

El Medio Oriente se encuentra en un proceso de metamorfosis. Las fronteras están colapsando, el imperialismo islámico se está expandiendo (en más de una dirección) y las armas proliferan.

El Islam está en crisis. La democracia “no ha funcionado” (por lo menos desde el punto de vista occidental) por lo menos en tres casos: Palestina, Iraq y Egipto. Algunos se preguntan si algún día pueda llegar a funcionar.

Los cristianos y otras minorías parecen no ser muy bienvenidos. La libertad de consciencia no existe. El estado de derecho es un sueño. Las tácticas mafiosas son las que imperan.

Cualquiera que quiera culpar a Israel de todo el desastre regional es, o a) ciego, o b) profundamente ignorante acerca de la sociedad del Medio Oriente, o c) entorpecido por alguna amargura irracional hacia los judíos o el poder judío que necesita ser aclarada.

Visto en su totalidad, el Medio Oriente parece estar mucho mejor con Israel que sin él. Y cuando digo Israel me refiero tanto a los judíos israelíes como al veinte por ciento de la población que no son judíos. No nos olvidemos que el BDS los perjudica a ellos también.

CUANDO LANZAMOS a Philos, amigos de ambos lados del conflicto israelí-palestino nos pidieron que hiciéramos del conflicto el centro de todas nuestras actividades. Afortunadamente rechazamos su consejo, favoreciendo un enfoque más amplio y holístico de la región, en vez de sólo poner bajo el microscopio un único tema. El Medio Oriente es increíblemente denso, multidimensional e interconectado. Cualquier intento para comprenderlo o de involucrarse en él desde otros terrenos, es miope y está condenado al fracaso.

Por cierto, criticar a Israel – hasta la medida en que Israel necesite ser criticado – funciona mucho mejor desde el contexto de la amistad que desde la enemistad. Y no soy el primero en decir esto. El diplomático de carrera Martin Indyk ha escrito: “Los registros … muestran que los presidentes de los EEUU que tuvieron más éxito fueron aquellos que abrazaron a los primeros ministros israelíes animándoles a seguir adelante, en vez de intentar intimidarlos a que se sometan.” Lo que es bueno para un presidente seguramente es bueno también para un pastor, sin duda.

La historia judía está hecha de no-judíos haciendo lo posible para aislar, perseguir y erradicar al pueblo judío gracias a una gama de crímenes inventados, algunas veces sólo por diversión. El Estado de Israel lleva esta memoria dolorosa muy profundamente en su entramado nacional y de ahí el recurrir a una política fuerte de defensa y de relaciones exteriores. El terrorismo, las sanciones y el aislamiento sólo consiguen fortalecer el deseo de Israel de sobrevivir y de resistir a todo aquel que quiera venir a “corregirlo”.

La paz en el Medio Oriente fluye desde la amistad, y en ningún lugar es esto más cierto que en Israel. Aquellos que deseen influir en la política israelí deben comenzar desde allí para así poder construir algo.

LA UCC SÓLO DESEA el bien, sin duda. Pero a sus líderes les digo: “Piensen en grande. Vayan más profundo. Entiendan lo que son las necesidades del pueblo por el cual dicen ustedes estar luchando. Mejor aún, entiendan al “otro”. Reconozcan lo que realmente sucede en el Medio Oriente antes de uncir a sus denominaciones al yugo de una utopía ignorante.

Háganlo por su propia gente, si no es por la gente del Medio Oriente. Porque la verdad es, que la gente del Medio Oriente no necesita de ustedes.

Pero les agradecen, eso sí, por pensar en ello.

Fuente: Israel A Cappella por Robert Nicholson

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