El legado de Masada: Cómo la resistencia judía ha dado forma a la política militar israelí

La ciudad de Jerusalén estaba en ruinas humeantes. Los pocos judíos que habían logrado escapar huyeron a un acantilado al borde del desierto de Judea, el último puesto militar de la rebelión contra Roma.

Herodes el Grande edificó Masada como un refugio en la colina alrededor del año 35 A.C., pero el palacio hermoso con terrazas de la fortaleza, encaramado en la cima de los acantilados, ahora estaba rodeado de una legión romana. El asedio duró desde el año 73 al 74 D.C., cuando el ejército del gobernador romano construyó una rampa de tierra gigante para que sus arietes pudieran alcanzar los muros exteriores.

Eleazar ben Ya’ir, el líder del remanente que se había refugiado en Masada, se dirigió a los rebeldes y a sus familias:

Ya que desde hace mucho tiempo, mis amigos generosos, decidimos nunca ser siervos de los romanos, ni de ningún otro excepto que de Dios mismo …no puedo sino estimarlo como un favor que Dios nos ha concedido, que todavía está en nuestro poder el morir valientemente, y en un estado de libertad.

En vez de ser derrotados por los romanos, los combatientes judíos decidieron suicidarse en masa con sus familias. En total, 960 hombres, mujeres y niños murieron antes de que penetrasen la fortaleza.

En la década de 1920, Yitzhak Lamdan, un poeta judío ucraniano, escribió un verso inmortalizando el asedio, que mezcla la historia y las imagenes bíblicas del sacrificio en un recordatorio épico de los Salmos. El poema fue adoptado por el movimiento sionista en el período de entreguerras, con su verso más famoso convirtiéndose en un grito: “Nunca más, Masada caerá.” Las palabras de Lamdan se acreditan como una de las fuentes de inspiración para el levantamiento judío contra los Nazis en el Gheto de Varsovia en 1943.

El asesinato de más de 6 millones de judíos durante el Holocausto grabó en los corazones y en las mentes de muchos una determinación que hizo eco a la de ben Ya’ir: que preferirían morir con valentía y en un estado de libertad en vez de ver a sus familias ser asesinadas otra vez. Este narrativa de “nunca más” ha llegado a definir la política militar del estado moderno israelí.

La posibilidad de que se repita la historia siempre ha preocupado a los líderes de Israel. El primer ministro israelí David Ben-Gurion le escribió en una carta al Presidente John F. Kennedy en el año 1963, diciendo: “yo sé que es difícil que la gente civilizada visualice tal cosa, incluso después de ser testigos de lo que nos pasó durante la Segunda Guerra Mundial. No supongo que esto podría suceder hoy o mañana. Pero no puedo descartar la posibilidad de que esto pueda ocurrir. Como judío, conozco la historia de mi pueblo y llevo conmigo los recuerdos de todo lo que ha sufrido durante 3.000 años.” Ese temor impulsaría a Ben-Gurion a convertirse en un defensor poderoso de que Israel desarrollara armas nucleares.

Cuando un soldado, amigo de Netanyahu, murió llevando a cabo una incursión de las fuerzas especiales en Egipto en 1969, la respuesta de la madre se grabó en la memoria del hombre que más tarde se convertiría en el primer ministro de Israel. “Ella no sentía nada de amargura. Por lo menos, dijo ella, su hijo había muerto con el uniforme de un soldado judío defendiendo a su pueblo. Yo tenía 19 años en ese entonces, y estas palabras me afectaron profundamente.”

Militarmente, Israel ha afirmado repetidamente e inequívocamente la declaración del “nunca más”. Siempre que la nación ha sido amenazada, sucesivos líderes raramente se han acobardado de tomar acción militar directa. El caso más famoso es en el año 1967, al congregarse los ejércitos árabes en las fronteras del país, la Fuerza Aérea de Israel lanzó una serie de ataques preventivos devastadores que aniquilaron las fuerzas aéreas egipcias y sirias, y preparó el terreno para una victoria israelí dramática en la Guerra de los Seis Días. En 1981, los aviones israelíes bombardearon el reactor nuclear de Osirak en Iraq, poniéndole fin a las esperanzas de Saddam Hussein de hacer de Iraq una potencia nuclear; antes del ataque, el jefe de personal de las Fuerzas de Defensa de Israel informó personalmente a los pilotos y les dijo que si fallaban, “la alternativa es nuestra destrucción.”

Al año siguiente, Israel tomó la primera (de lo que luego serían muchas acciones militares) contra Hezbollah en el Líbano. Desde el 2011 y el estallido del conflicto sirio, Israel también ha lanzado ataques para evitar que las armas que atraviesan por Siria lleguen a Hezbolá. Hay una determinación clara y coherente de tratar decisivamente con las amenazas externas, una postura que ha generado muchas críticas internacionales de Israel. Pero, para los gobiernos israelíes sucesivos, la agresión militar es percibida como la única manera de preservar la existencia de la nación.

Hasta hace poco, antes de que se aceptaran formalmente los reclutas del regimiento blindado israelí al ejército, deberían terminar una caminata de madrugada a la cima de Masada. Allí, en el lugar donde los combatientes judíos terminaron con sus vidas, tomarían su juramento de lealtad a la nación de Israel. Masada está arraigada en la mente israelí como un monumento a la resistencia judía: un símbolo antiguo de la actitud desafiante del estado moderno que se levantó de las cenizas del Holocausto.

Fuente: Isarael a Capella por David Charlwood

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