El poder de la alabanza y adoración

La alabanza a Dios es, principalmente, un acto de gratitud por todo lo que Dios hace, pero más aún, porque él es digno de ella. Alabar a Dios implica un acto de reconocimiento de su grandeza y señorío, así como de lo único, admirable y grandioso que es él.
Cuando le alabamos, declaramos también lo que dice su Palabra acerca de Él mismo: lo grande, Todopoderoso, Omnipotente, Misericordioso, Soberano y Altísimo que Él es.
La adoración a Dios implica mucho más que alabarle. Es un encuentro profundo con el Señor, con su Persona Divina. A través de este encuentro personal podemos palpar Quién es Él y tomamos conciencia de quiénes somos nosotros, junto a él.

Autora: Vicky

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