Reedificando a Israel (Porque aún han de venir)

Entre los hippies, los padres de Chaim Malespin eran los más extremos. A los 16 años, su madre Tehilá huyó del hogar abusivo en el cual había crecido en Canadá, y decidió probar su suerte bajo el brillo luminoso de Hollywood. El movimiento hippie estaba en su apogeo, y en medio de este, ella protestaba por Vietnam y abrazaba las «virtudes» del amor libre y la paz mundial.  En estas circunstancias, llegó a alcanzar el éxito, y sucedió que una noche, mientras se encontraba en una fiesta, el tiempo se detuvo, y vio una figura que caminaba de blanco en medio de la multitud, y se dirigía hacia ella. Él le dijo: «El camino por el que andas conduce a la muerte, pero sígueme, y te haré santa». Llena de asombro, se marchó de inmediato de la fiesta y dejó ese estilo de vida. Sin embargo, continuó desarrollando su talento de escribir canciones y a menudo salía a las calles con la guitarra y entonaba sus cantos de adoración.

Por otro lado, Reuven, el padre de Chaim, creció en un hogar judío religioso y pasó gran parte de su infancia estudiando en una yeshivá (una escuela religiosa para judíos). Aunque consideró que las explicaciones rabínicas acerca de las escrituras eran valiosas, no le fueron del todo satisfactorias, por lo que decidió salir a la calle en busca de la verdad. Ahí encontró camaradería, mientras muchos otros de este mismo modo deambulaban para hallar respuestas y el sentido de la vida.

Un día, Reuven paseaba por las calles cuando vio a una chica cantando en una esquina. Sus canciones le llamaron la atención y se hicieron amigos. Poco tiempo después, mientras el movimiento de Jesús aparecía en escena, Reuven se percató de que el «Jesús» sobre el cual la gente discutía, era el Yeshúa judío que había venido para reunir a los judíos con su Dios. Luego, Reuven se casó con esa chica, y le entregó una tapa torcida de botella de coca cola como anillo de matrimonio. Como ahora profesaba una nueva fe, su familia judía lo desconoció.

Los tiempos eran radicales, y de la misma manera en que Reuven y Tehilá habían sido totalmente adeptos a la vida hippie, ahora defendían la idea de vivir para Dios y de separarse por completo del mundo. Por varios años, la pareja tuvo un estilo de vida nómada, prescindiendo en absoluto de los servicios públicos, al lado de personas que compartían la misma mentalidad. Cada vez que se establecían en un nuevo sitio, Reuven buscaba judíos en el área para hablarles sobre su Mesías Yeshúa.

Mientras tanto, aumentaba el número de hijos en la familia, y nació Chaim, el segundo de ellos. Con la llegada del tercero, decidieron encontrar un lugar más permanente para criarlos. Un amigo les recomendó que se establecieran en una comunidad «amish». A pesar de recibir un trato amable por parte de los miembros de esta agrupación, con el paso de los años, les comenzó a ser difícil estar completamente desligados de la sociedad. Por último, se subdividieron junto con otras familias e integraron una comunidad, que aun siendo bastante conservadora, permitía el uso de ciertos medios como los vehículos y la electricidad.

La familia Malespin cuando vivió en la comunidad «amish»

La familia Malespin cuando vivió en la comunidad «amish»

Al establecer más contacto con el mundo exterior, la pasión de Reuven por las ovejas perdidas de la casa de Israel comenzó a arder más fuerte que nunca. Sentía un peso de responsabilidad que no sólo consistía en una pasión hacia ellos, sino también hacia su tierra judía. Ante los corazones de Reuven y Tehilá se abría un entendimiento acerca del retorno del pueblo de Israel hacia Dios y hacia su tierra. Aunque esta pareja se había vuelto a Dios, que está en los cielos, ahora necesitaban asimismo regresar a la tierra de sus antepasados. Sin embargo, trasladarse a un territorio extranjero con seis niños sobre sus hombros no era cualquier hazaña, por lo que le pidieron a Dios una señal, para confirmar que en realidad era Su voluntad que ellos regresaran a la tierra de Israel. Mientras aguardaban una respuesta, se dedicaron a alimentar su espíritu con más de 700 pasajes bíblicos en los que Dios hablaba sobre Su promesa de restablecer a los judíos en su tierra.

Una noche, durante un servicio en un centro comunitario local al que asistían, entró un hombre de barba y cabellos largos y blancos, el cual dijo: «Me llamo Zabulón y estoy de paso por este pueblo, entiendo que aquí se encuentra una familia que le ha pedido a Dios una señal para hacer aliá (que en hebreo significa inmigrar a Israel), a la tierra de su heredad. Yo les he traído una señal».  Despúes de esto, le entregó a Reuven una cartera con monedas de oro sólido. En ese momento la familia Malespin comprendió uno de los versículos que había estado leyendo y utilizando como plegaria, Isaías 49:22, «Así dijo Jehová el Señor: He aquí, yo tenderé mi mano a las naciones, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros». Esta señal no sólo confirmaba que debían regresar, sino también en ella se cumplía la escritura, porque los gentiles los habían de enviar. De inmediato, la familia vendió todo y compró ocho boletos de ida, con destino a Israel.

EL ARDUO CAMINO AL PARAÍSO

A veces Dios obra un milagro, y este en sí constituye el logro que debemos alcanzar, pero en otras ocasiones, se trata de una señal prodigiosa para darnos la confianza de no rendirnos durante un largo trayecto, hasta poder conseguir el progreso esperado. La llegada a Israel fue difícil para la familia Malespin. Las piezas de oro que llevaban les fueron útiles para vestirse y alimentarse, pero la burocracia, la cultura y el idioma eran la otra cara de la moneda. No tenían parientes cercanos en el país y no había un programa de absorción disponible para ellos. Sin embargo, sabían que Dios los había llamado a regresar a Israel y consideraban que cada puerta que se cerraba sólo significaba que debían buscar otra que se abriera.

Fue Chaim, al lado de sus hermanos Efraín y Moshé, el mayor y el menor, respectivamente, los que iban a dar ese paso hacia adelante, al percatarse que los tres ya habían alcanzado una edad para ingresar al ejército y además, estaban dispuestos a realizar el servicio militar. Con una firme ética laboral, entusiasmo por su patria y una sonrisa inquebrantable, Chaim fue reclutado de inmediato en la unidad de comando de élite de Israel denominada «Yahalom», que en español significa «diamante». Los hermanos sirvieron en el ejército por tres años y todavía permanecen en reserva hasta hoy.

La familia Malespin, ahora israelí, visitando a su hijo durante su estancia en el ejército

¿QUÉ SUCEDE CON LOS DEMÁS?

Una vez que concluyó su periodo en el ejército, Chaim llegó a ser un exitoso carpintero en Tel Aviv, a cargo de todo un equipo de constructores. Al verse rodeado de israelíes, creyó que nunca más necesitaría hablar inglés. Sin embargo, comenzó a escuchar historias y a darse cuenta de lo mucho que una gran cantidad de personas luchaban al llegar a Israel, tal como le sucedió a su propia familia. La experiencia que vivió en su hogar durante una cierta etapa, en la que se aferraban a las promesas de Dios y leían muchos pasajes bíblicos sobre la restauración de Israel, fue útil para afirmar en Chaim la importancia del proceso de aliá. Después de examinar lo que había alrededor, sólo encontró organizaciones que apoyaban a los judíos a llegar a Israel para realizar este proceso. Sin embargo, un increíble porcentaje de esos nuevos inmigrantes terminaban marchándose durante el primer o segundo año porque no había nadie que los ayudara una vez que llegaban al país.

Un día Chaim conoció a una linda joven durante un servicio de adoración en Tel Aviv. Ella le contó que en Canadá, su padre había estado ayudando a los judíos a regresar a Israel por 30 años. Cuando Chaim también compartió su deseo de apoyar a los nuevos inmigrantes después de que estos llegan a Israel, el padre de la chica se comprometió por completo al respecto. Chaim se mudó al área de Galilea para comenzar a construir este sueño. Además, estableció una relación con esta joven y se casó con ella; actualmente tienen dos hijos.

Deanna y Chaim junto a sus dos hijos

Deanna y Chaim junto a sus dos hijos

Chaim encontró el campus de un internado estudiantil en abandono, cerca de la costa del Mar de Galilea. Después de obtener un permiso, asumió el proyecto ambicioso de restaurar cada edificio y convertirlo en una residencia temporal para nuevos inmigrantes judíos. Este lugar se denomina en inglés como «Aliyah Return Center», es decir, un centro de retorno para los que realizan el proceso de aliá. Voluntarios de todas partes del mundo vinieron a ayudar a Chaim para restaurar cada edificio por tan sólo una parte del costo, y con un deseo multiplicado por diez.

NO BASTA SÓLO CON TRAERLOS AQUÍ

Uno de los primeros esfuerzos que mis padres Ari y Shira realizaron al fundar Maoz Israel en 1976, fue ayudar a las personas a establecerse en la tierra. Construimos una casa grande, con espacio suficiente para instalar una congregación y albergar judíos en proceso de inmigrar a Israel. Siempre había alguien hospedado en nuestra casa, ya fuera por una semana, un mes o incluso un año, hasta que pudieran hacer frente a la realidad por sí mismos.

Sin embargo, ahora todo se mueve más rápido y la cantidad de personas ha aumentado. Centenares de inmigrantes han recibido ayuda gracias a la labor de Chaim, y muchos más vienen en camino. No es fácil investigar en la web sobre las leyes de inmigración. Además, el idioma y la cultura son complejos y el alto costo de la vida es abrumador. No es extraño encontrar ingenieros o empresarios que, después de haber recibido altas remuneraciones en su país de origen, ahora laboran como guardas de escuelas o cajeros. Los trabajadores cualificados deben incorporarse apropiadamente en la cultura, de manera que puedan transferir su riqueza de conocimiento al nuevo ambiente en el cual se desempeñarán.

Restauración de uno de los edificios en la propiedad para ofrecerle un lugar de residencia a los nuevos inmigrantes mientras realizan el proceso de aliá

Restauración de uno de los edificios en la propiedad para ofrecerle un lugar de residencia a los nuevos inmigrantes mientras realizan el proceso de aliá

Dios está reuniendo de nuevo a Su pueblo en Israel, y Chaim está parado en la puerta, dispuesto a caminar con los que vienen y ayudarlos en todo, desde encontrar un hogar hasta a abrir un negocio, aprender hebreo, etc. No basta sólo con enviar a los judíos a la tierra. Si las familias no son capaces de establecerse aquí en Israel, con frecuencia se devuelven a sus países de exilio. De este modo, el sueño se trunca y podría pasar otra generación antes de que intenten cumplir el llamado a regresar.

En Israel, Dios nos está pidiendo preparar el camino para el retorno de Su pueblo, y está llamando a las naciones a involucrarse.

Isaías 57:14 «Y dirá: Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo» (para que éste pueda retornar de la cautividad).

La obtención y restauración de este campus abandonado en Galilea le está proporcionando un Centro de Retorno ideal para lograr su objetivo.

Por Shani Sorko-Ram Ferguson

Fuente: Maoz-Israel Español http://www.maozisrael.es/

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