SALIENDO DE UN LABERINTO

Asistí con mi esposo y con mi hijo a una  hermosa feria de Navidad. Entramos a un laberinto. Mi hijito tenía miedo y yo me vestí de concentración, en medio de todas esas monótonas paredes que pretendían engañarnos. Así puede ser el rigor de la vida; aun con sus bellezas, existe la probabilidad de aparecerse un camino de puertas falsas. El discernimiento es totalmente necesario para poder distinguir cuál puerta evitar para no chocar y lastimarnos, y por cuál entrar y encontrar la salida… que a la vez es una entrada a nuevas dimensiones.

El amor por mi hijo, para que se sintiera seguro, hizo que los complejos círculos se convirtieran en rectas galerías.

Al lograr salir, mi hijo de 8 años comenzó a llorar. Era un llanto mezclado de liberación del temor y el alivio de que ya habíamos salido. Conozco esa sensación; y tú?

Pero, ocurrió algo, que de hecho no me sorprendió. Adrián Emmanuel me dijo, con voz autoritaria: “Mamá, otra vez”. Ha estado rodeado de personas que le han enseñado a no rendirse y seguirlo intentando. Ha sido diagnosticado con una condición que se llama Apraxia Verbal. En esta condición él sabe lo que quiere decir, pero sucede algo a nivel neurológico que le dificulta la planeación de las palabras y no las puede pronunciar. Cuenta con una inteligencia superdotada, y lo entiende todo, pero su comunicación es más a través de señas.

En esa segunda ocasión que pasó por el laberinto, salió destellando carcajadas y dando saltos de alegría! Es que cuando ya sabemos que Dios nos salvó una vez; tenemos TOTAL CONVICCIÓN de que lo podrá volver a hacer!

 “Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre”.

Salmo 16:11

Tomado del libro: «Vive libre vive feliz» de la Dra Lis Milland

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