Un judío y un cristiano: Como juntos cambiaron la historia

No hay ningún niño israelí en la escuela en el mundo que no haya escuchado de Theodore Herzl—el Padre del Israel Moderno. Pero poca gente—dentro o fuera de Israel—ha escuchado alguna vez de William Hechler.

Sin embargo muchos historiadores aceptan que si no hubiese sido por el Pastor Hechler, Herzl probablemente nunca hubiera llegado a ser más que un columnista austriaco excéntrico desconocido. Esta es una historia sobre Theodore Herzl, William Hechler… y sí, intervención divina.

El padre de Hechler, un sacerdote anglicano, tenía una profunda admiración y respeto por el pueblo judío. Este amor por el pueblo escogido de Dios influyó a su hijo. De hecho, lo consumió.

Desde que inició la Reforma Protestante a comienzos del siglo XVI, habían habido pequeños grupos cristianos que amaban a Sión por toda Europa y Estados Unidos. Esto fue a pesar del hecho de que el pionero de la Reforma, Martín Lutero, odió al pueblo judío.

SIONISTAS CRISTIANOS PRIMITIVOS

El segundo presidente estadounidense, John Adams, de trasfondo puritano, escribió con claridad y entendimiento en 1819, “Deseo sinceramente ver que los judíos se asienten en Judá, formando una nación independiente.”

El Sionismo Bíblico Protestante se difundió ampliamente por todo el continente europeo, como se evidenció en la carta que el lord británico Shaftesbury le envió a la Reina Victoria, implorando, “Ojalá sea durante su reinado que, según las esperanzas de este pueblo único ahora presentadas ante Su Majestad, ‘Judá será salvo e Israel vivirá en paz.’ Tal es la oración del siervo leal y devoto de su Majestad.”

Sin embargo, promover el retorno práctico de los judíos a sus patria antigua fue para aquellos pocos cristianos valientes que escudriñaban la Palabra de Dios de manera profunda y frecuente. El Rev. William Hechler era uno de aquellos.

Por cincuenta años, Hechler recorrió este mundo. Como clérigo anglicano teniendo el inglés y el alemán como lengua materna, trabajó en Nigeria, sirvió en el ejército alemán, levantó un hogar en Cork, Irlanda y llegó a dominar diez idiomas. Luego en 1873, como suele suceder, tomaron lugar en su vida, cambios estratégicos aunque sólo después de muchos años entendería su importancia.

UN TUTOR PARA LA REALEZA

 

Federico I, Gran Duque de Baden, junto con su esposa, un pariente cercano del káiser alemán, Wilhelm II, y sus hijos para quien Hechler fue tutor.

Se trasladó a Karlsruhe, Alemania, donde sirvió como tutor interno para los niños de Federico I, Gran Duque de Baden, cuya esposa fue una pariente cercana del poderoso káiser alemán, Wilhelm II. Este nuevo cargo se convirtió por mucho en el más significativo de todas sus diversas vocaciones y fue el momento más decisivo de su vida.

Durante los años que sirvió al Gran Duque, aprovechó muchas oportunidades para compartir las Escrituras con él, junto con sus gráficos y artículos sobre los días del Mesías Venidero, los cuales serían proclamados por los judíos al retornar a su patria.

El Gran Duque se volvió un creyente muy firme y un aliado de Hechler concerniente a las promesas de Dios para el pueblo judío. Pero seis años después murió el hijo del Gran Duque y el cargo de Hechler como tutor llegó a su fin. Luego regresó a Londres como ministro oficial de la Iglesia de Inglaterra.

Providencialmente fue escogido por ‘Church Pastoral Aid Society’ (cristianos sionistas) para viajar a Alemania, Francia y Rusia para investigar los terribles pogromos que ocurrían en la década de 1880. Fue consternado por el espantoso sufrimiento y miseria de los judíos rusos bajo el Zar Alejandro III. Fue mucho peor que cualquier cosa que él se hubiera imaginado.

LAS PRIMERAS SEÑALES DEL SIONISMO JUDÍO

Pero Hechler vio algo más, algo nuevo. Vio esperanzas sionistas nacientes en la Judería Oriental a causa de la pobreza, persecución y desesperanza abyectas que padecían en Rusia.

Él, un clérigo anglicano humilde, se sintió tan desesperado por la judería rusa que se atrevió a soñar que contactaría al Sultán de Turquía, Abdul Hamid II (el ocupante más reciente de la Tierra Santa y regente del Imperio Otomano), para pedirle que permitiera que los judíos se asentaran en Palestina.

Eso requiere coraje. Pero en efecto sí tenía en su posesión una carta escrita por la mismísima Reina Victoria de Inglaterra al Sultán la cual intentó entregar por medio del embajador británico. Increíblemente, la Reina había escrito sobre una ‘solución restauracionista’ al antisemitismo y solicitó que el Sultán permitiese que los judíos retornasen a Palestina. ¡Pero el embajador británico se rehusó presentar la carta de la Reina al Sultán! Hechler se quedó sin opciones.

Mientras tanto, el deseo personal más grande de Hechler era trasladarse a Jerusalén al asegurar un nombramiento como Obispo de Jerusalén en la famosa Iglesia Protestante de Cristo. Pero no era de ser. Las relaciones cada vez más deterioradas entre Prusia e Inglaterra bloquearon su nombramiento. Se había rumorado que algunos oficiales habían dicho que él también era sionista. Fue una decepción devastadora.

CAPELLÁN DE EMBAJADA BRITÁNICA EN VIENA

Este golpe amargo, y las tensiones conyugales correspondientes, conllevaron a que su matrimonio finalizara ese mismo año. Pero por medio de una tía solidaria, aseguró un nombramiento como el Capellán de la Embajada Británica en Viena (otro ‘nombramiento divino’ el cual en definitiva cambiaría la historia judía. Hechler comenzó una carrera de veinticinco años como Capellán de la Embajada, y fue conocido como el pastor vienés.

Es muy probable que se incomodara bajo las restricciones como capellán, solo con su Biblia y gráficas mesiánicas, y su único lujo: los libros. No obstante, tuvo la oportunidad como profesor de la Universidad Vienesa de exponer sobre su pasión (los judíos y su patria en ciernes) y aprovechó cada oportunidad para hablar sobre el tema con oficiales, gobernadores y estadistas que pasaban por la embajada.

De hecho, acababa de terminar de escribir su propio tratado el año antes de asumir su nuevo puesto. Se tituló, “La Restauración de los Judíos a Palestina en Profecía.”

Este no fue un manuscrito escrito a la carrera. Por años, su mayor placer fue estudiar e investigar (y predicar) lo que las Escrituras decían sobre el retorno prometido. Estaba convencido que esto daría paso a la Era Mesiánica y el regreso del Mesías. Declaró, “Es el deber de todo cristiano es amar a los judíos.”

PRIMERO, LOS JUDÍOS DEBEN REGRESAR A CASA

Sí, creyó que el día llegaría cuando el pueblo judío aceptaría al Mesías de Dios, pero estaba convencido que primero tenían que regresar a casa.

Por lo tanto, también estudió cada pulgada de la tierra física de Israel. Coleccionó mapas militares de Palestina, creó gráficos de ubicaciones antiguas, y escudriñó porciones proféticas de las Escrituras acerca del momento en que los judíos retornarían a su patria.

Su entendimiento de ‘que los tiempos de los gentiles se cumplan’ implicaba cuándo Jerusalén ya no fuera hollada por los gentiles, sino regresada a los judíos.

Hechler estaba listo a dar su vida por esta causa, pero había un componente principal que faltaba. ¿Dónde estaba el líder? ¿Dónde estaba el ‘Moisés’ que sacaría al pueblo judío de Egipto y lo introduciría a la Tierra Prometida? Hechler oraba tres veces al día, todos los días, por el retorno de los judíos a su patria.

APARECE EL LÍDER

Luego, un sábado por la mañana, el 7 de marzo de 1986, estaba pasando por una de sus librerías favoritas. En la vitrina, vio un libro nuevo, “El Estado Judío”, por Theodore Herzl.

Rápidamente le preguntó al encargado acerca del autor. No siendo un hombre que visitase el teatro, no conocía a Herzl, un dramaturgo, periodista y un judío vienés reconocido, totalmente integrado a la sociedad.

Lo que había despertado el alma de este judío secular fue un escándalo que sacudió a Francia a finales del siglo XIX y principios del siglo XX: el caso Dreyfus. Implicaba a un capitán judío de artillería en el ejército francés, Alfred Dreyfus, quien fue condenado falsamente por entregar secretos militares a los alemanes, en base a evidencia débil y fraudulenta. En resumidas cuentas, un traidor judío. El antisemitismo explotó en Francia. Pasaron doce años enteros hasta que Dreyfus fuese exonerado.

LOS JUDÍOS DEBEN RESTABLECER SU ESTADO

El libro de Herzl era claro: Si Francia o cualquier otro país no quería a los judíos, la solución judía era retornar a su patria antigua y restablecer un estado judío.

La visión de Herzl era profunda: Escribió, “Aquellos [judíos] que están desesperados irán primero, luego los pobres, entonces los prósperos, y finalmente los pudientes.”

Hechler casi no podía creer lo que estaba leyendo, “Creo que una maravillosa generación de judíos surgirá a la existencia. Los macabeos se levantarán nuevamente. Permítame repetir mis palabras iniciales: los judíos que deseen un Estado lo tendrán.”

Hechler se apresuró a la residencia de Herzl.

Sin siquiera presentarse, declaró, “Dr. Herzl, lo he estado esperando por cuatro años. He estado anunciando su llegada por cuatro años a príncipes, estadistas, y dignatarios eclesiásticos que he conocido. He preparado el camino para usted. La hora ha llegado, y su idea triunfará. ¡Considéreme a su servicio, al servicio de nuestra causa!”

Herzl no sabía que pensar de este desconocido.

Hechler continuó, “Su libro está inspirado, Dr. Herzl, de una manera en que ni usted mismo se da cuenta, y eso es bueno. Esta es una señal de la mismísima gracia de Dios. Porque, así como todos los demás, incluyendo a cada judío en esta capital, usted se ha olvidado de sus profetas. Usted ya no les da crédito. Pero usted pertenece a su pueblo y a sus profetas, y esto, combinado con el sufrimiento de Israel, no lo dejará descansar.”

“Como Moisés en el pasado,” dijo, “es el martirio de su pueblo, tanto en Rusia como en lo sucedido al capitán francés [Dreyfus], que lo trae de vuelta a Dios y hacia la Jerusalén olvidada. Le digo con emoción, y siempre lo repito: ¡Dios está con usted y usted tendrá éxito, pase lo que pase!”

Al registrar este encuentro en su diario, Herzl escribió: “Él es un personaje inverosímil cuando visto a través de los ojos inquisitivos de un periodista vienés judío…seguramente, creo que puedo detectar ciertas señales que él es un creyente en los profetas.”

Y entonces, la alianza de ocho años entre Herzl y Hechler comenzó.

 

El primer Congreso Sionista fue convocado en 1897 por Theodore Herzl como un parlamento simbólico para una diminuta minoría de judíos que creía que la solución al antisemitismo europeo era establecer un hogar asegurado públicamente y legalmente en Palestina. El año 1897 es considerado como el inicio del movimiento sionista que en definitiva estableció el Estado de Israel.

HERZL SOLICITA LA AYUDA DE HECHLER

El siguiente domingo, 5 de marzo de 1986, Herzl visitó a su nuevo amigo por primera vez. Las paredes de Hechler estaban cubiertas de libros, Biblias y diversos documentos hasta el techo. ¡Hechler primero le mostró su gráfico panorámico que se extendía desde Adán hasta el año 1897! El año 1897 estaba escrito en tinta roja. [Véase la segunda columna de la página 6.]

Herzl escribió en su diario: “Luego, llegamos al meollo del asunto. Yo le dije: Debo ponerme en contacto directo y de manera pública con un responsable…gobernante, es decir un ministro de estado o príncipe. Luego los judíos me creerán y me seguirán.”

En resumen, este era el desafío y obstáculo más grande de Herzl. Sería su ‘prueba de fuego’ principal (y hubieron muchas) hasta su muerte. Los judíos europeos adinerados no querían tener nada que ver con Herzl o su sueño sionista.

Estos judíos, muchos de ellos recientemente liberados de leyes y restricciones de gobernantes europeos contra judíos, no querían agitar las aguas, y, de hecho, estaban bastante conformes con sus circunstancias actuales.

Pero Hechler, entendiendo las promesas proféticas de la Biblia, estaba listo para invertir su vida ayudando a Herzl, su Moisés. Gracias a sus muchos contactos con príncipes, duques y embajadores europeos de gran prestigio, comenzó a abrir camino inmediatamente para Herzl para que conociese a las dos personas que creían ellos podrían apoyar más la causa judía: el káiser alemán Wilhelm II y el sultán turco Abdul Hamid II.

TEOLOGÍA DE HECHLER

La teología de Hechler era algo así: La Sinagoga no ha sido llamada a mezclarse con las naciones, y la Iglesia no puede causar su desaparición. Dios no quiere que los hijos de Israel pierdan su ‘judaísmo’ al fusionarse con una masa cristiana, lejos de la Sinagoga donde nació la Iglesia.

Dios quiere que Su pueblo vuelva a Él por medio de regresar a las Escrituras y, ciertamente, que se den cuenta (si es posible mientras permanecen en la Sinagoga) que este Mesías que regresará en gloria ya ha venido en sufrimiento y muerte.

En un carta fechada el 5 de octubre de 1896, escribió, “El pueblo judío sólo podrá encontrar nuevamente a Dios y a Sus profetas en la tierra de Israel, así como también una profunda nostalgia por el Mesías.”

HERZL CONOCE AL GOBERNANTE DE LA TIERRA SANTA

Por medio del Gran Duque de Baden, Herzl conoció al Sultán de Turquía e intentó obtener una carta estatutaria para el establecimiento de un estado judío en Palestina, gobernada en ese entonces por el Imperio Otomano.

¡Parecía una posibilidad muy realista a causa de las grandes deudas del sultán; si Herzl podía recaudar suficientes fondos, podría comprar la tierra de Palestina! ¡Pero los Rothschild y otros judíos pudientes no lo aceptarían en absoluto! La reunión con el sultán no dio fruto.

A menudo, cuando Herzl se desanimaba, Hechler lo alentaba con constantes cartas y visitas:

“Recordemos con calma, especialmente en los momentos más difíciles y oscuros, que la voluntad de Dios se cumple a pesar de la necedad de los hombres. Esta mañana vine a verte para traerte una palabra de consuelo. Que Dios te guíe en Su Gracia y te conceda Su sabiduría. Ten calma y pon tu confianza en Él.”

De este modo, terminó 1896, el año en que se conocieron, con nueve meses enteros de amistad fiel. En este corto periodo, gracias a William Hechler, el nombre y movimiento del líder sionista fue dado a conocer esencialmente por medio de las audiencias concedidas por el Gran Duque Federico I de Baden. De alguna manera, los ecos habían alcanzado todas las cortes reales de Europa con sus gobiernos representativos. Esto le dio esperanza al objetivo principal de Herzl: de persuadir a su propio pueblo, y especialmente a los judíos poderosos y pudientes entre ellos, de seguirlo y apoyarlo.

PRIMER CONGRESO SIONISTA

Los dos hombres continuaron conociendo más y más nobleza, embajadores, obispos y gente de influencia, muchos de los cuales habían sido influenciados por Hechler.

Y finalmente, Herzl convocó el primer Congreso Sionista en 1897, el cual se convirtió en el famoso punto de partida del sueño de un estado sionista.

Hechler, quien fue invitado por Herzl como un visitante sin derecho a voto, le escribió al Gran Duque:

“Espero asistir al Congreso Sionista en Basilea la semana que viene…Sencillamente es maravilloso ver como el movimiento sionista se ha difundido por todo el mundo en un año, a pesar de la oposición de algunos judíos ricos, a quienes no les importa la historia gloriosa de sus ancestros…Estoy convencido que el establecimiento de un Estado Judío, con el respaldo de príncipes europeos, iniciará la salvación anunciada por Isaías, Miqueas y Zacarías…”

De esta manera, durante el 29-31 de agosto de 1897, un mundo asombrado se enteró de la convocatoria en Basilea de “La Asamblea Constituyente de la Nación Judía” representada por 208 delegados vestidos de gala, según el deseo explícito de Herzl. Veintiséis corresponsales de prensa también asistieron al evento.

¡Qué pensamientos pasarían por las mentes de Herzl y Hechler mientras atestiguaban esta convocatoria de judíos que planeaban un estado futuro para su patria antigua!

Fue uno de los pocos momentos de éxtasis que experimentaría Herzl.

 

La Tarjeta de Invitación para ingresar a la Primera Conferencia Sionista en Basilea, Suiza. Los delegados invitados fueron 208 judíos de 17 países y 10 cristianos sin derecho a voto, incluyendo al más prominente de ellos, William Hechler.

UNA PROFECÍA VERDADERA

“¡En Basilea fundé el Estado Judío! Si dijera esto en voz alta hoy en día sería recibido con risas por todos. En cinco años, tal vez en cincuenta años, todos lo percibirán…”

El líder del movimiento sionista, Theodore Herzl, habló proféticamente en agosto de 1897 que el nuevo Estado de Israel se levantaría de nuevo después de 1900 años de desolación. En 1947, la Organización de las Naciones Unidas, en una de sus muy pocas resoluciones pro-Israel, votó a favor de la existencia del Estado de Israel. Exactamente 50 años después.

Pero la conferencia fue sólo el inicio. Por ocho años, los dos hombres lucharon contra la resistencia al Estado Judío, que procedía de todos los rincones. El mes que viene nos uniremos una vez más al sendero que anduvieron estos dos hombres para concebir el movimiento sionista, y preparar el camino para un Estado de Israel renacido, en la Parte II de este artículo.

 

Mucha de la información de este artículo fue obtenida por investigación de las siguientes fuentes: ‘The Prince and The Prophet’ por Claude Duvernoy, ‘www.israelinprophecy.org’; y de ‘Rev. William Hechler and Theodor Herzl, A Zionist Debt Fulfilled’, por Jerry Klinger.

  

LA PROFECÍA DE HECHLER

William Hechler estudiaba incesantemente las Escrituras sobre Israel y su futuro. Entre sus estudios meditó sobre el libro de Daniel, y lo comparó con el libro de Apocalipsis. Jerusalén sería entregada a ocupación ‘gentil’ por cuarenta y dos meses, seguida por un periodo prometido de bendición.

LOS CUARENTA Y DOS MESES BÍBLICOS

¿Pero cómo interpretar los cuarenta y dos meses? La mayoría de los eruditos de aquel tiempo estaban de acuerdo que un mes profético no eran treinta días sino treinta años, lo cual equivaldría a 1260 años. Esa es una cifra que aparece tanto en Daniel como en Apocalipsis. Entonces, el Templo fue destruido y tomado de los judíos en 70 d. C. Súmele 1260 años y es el año 1330, un punto muerto dado que nada sucedió en el 1330.

Pero Daniel 12:11 también establece que los 1290 días [o años] comenzarán después de la abominación de desolación que se establecerá en el lugar santo (donde se encontraba el Templo). Entonces, ¿cuál es esta abominación?

En 627-628, Jerusalén cayó en las manos del poder pagano: el islam, bajo su tercer califato: Omar, el cuñado de Mahoma. No sólo tomó posesión de Jerusalén, sino que también arrasó con la iglesia cristiana medieval construida en el “Lugar Santo” y construyó la Mezquita de Omer para la gloria del profeta. Hechler seguramente sabía que en esta mezquita habían versículos coránicos escritos, incluyendo “Dios no tiene Hijo.”

Si uno suma 1260 años al año 627-628, uno llega al año 1897-1898. ¡Hechler estaba convencido que en 1897-1898 se marcaría el amanecer de la restauración final de Israel en la Tierra Prometida!

No, él no estaba anunciando ni el Fin del Mundo, ni la Segunda Venida. Pero lo que sí anunció fue el punto de partida de la restauración definitiva del pueblo de Israel a la Tierra de Israel.

Por Shira Sorko-Ram

Fuente: Maoz-Israel Español http://www.maozisrael.es/

Acerca de Contexto Media Group 3675 Articles
Conciertos, Música, Libros, Eventos y todo lo relacionado al mundo Cristiano.